El Ripoll.

El río Ripoll cuenta aproximadamente con un millón de años. Este, pertenece a la Cordillera prelitoral, en el Vallès Occidental, naciendo en el sot del Galí en la sierra de Granera (a 640 metros sobre el nivel del mar) tras 40 km sus aguas desembocan al río Besòs en Santa Maria de Montcada. En su recorrido, el río Ripoll atraviesa los municipios de: Sant Llorenç Savall, Castellar del Vallès, Sabadell, Barberà del Vallès, Ripollet y Montcada.

La característica más notable del Ripoll es su escaso caudal, algo común en los ríos mediterráneos, disponiendo de un volumen de agua muy irregular (con crecidas hacia la primavera y otoño). La formación del río sobre terrenos aluviales, entre el cuaternario antiguo y el mioceno, provocó una erosión accidentada a lo largo de su recorrido, dando como resultado un paisaje formado de meandros, taludes y terrazas. El relieve de su curso presenta notables desniveles y su orografía es producto de la evolución de los diversos procesos fluviales sufridos en el transcurso del tiempo.

Debido a las posibilidades para la subsistencia que ofrecía el río y su ribera (agua, pastos, caza… ), las comunidades agrícolas y ganaderas residentes en los alrededores de los márgenes del Ripoll pudieran emplear, también , los recursos líticos de las terrazas y los taludes del río.

Se conocen vestigios poblacionales desde la época paleolítica hasta nuestros días mediante una cronológica documental extensa: neolítico antiguo cardial, neolítico postcardial, bronce inicial, bronce final, primera edad del hierro, ibérico, romano, antigüedad tardía, altomedieval, bajomedieval, época moderna, época contemporánea …

Este afianzado asentamiento demuestra que la predilección por este paraje no ha decaído desde la llegada de los primeros pueblos agricultores y ganaderos, hace unos 7.000 años. Habiendo vestigios en Castellar del Vallès (yacimiento del Pla de la Bruguera o la Vinya del Regalat-Bòbila d’en Sargantana), Sabadell (Can Roquetas, la Salut, bosc de can Deu), Barberà del Vallès (Can Llobateres) o Ripollet ( bóbila Padró). Sin embargo, los usos y la intensidad de la explotación de la ribera irían variando según las etapas vividas. La abundancia y calidad de los restos arqueológicos pertenecientes a la edad de los metales, obtenidos casi todos en el margen izquierdo del Ripoll, indican una intensa explotación del entorno que contrasta con las puntuales y esporádicas ocupaciones pertenecientes al neolítico.

Los asentamientos neolíticos de la cuenca media del Ripoll ocuparon los pequeños cerros de la sierra de Sant Iscle (en Sabadell), concretamente las vertientes occidentales. Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en los parajes de Torre-Romeu y Can Roqueta hallaron restos de una veintena de fosas de diversa función pertenecientes a las primeras etapas del neolítico, concretamente al neolítico cardial y postcardial. Estos restos dan testimonio de la dinámica de empleo del curso medio del Ripoll, con un inicio del hábitat a partir del VI milenio cal BC y una intensificación de las actividades humanas en la segunda mitad del V milenio cal BC.

Restos del neolítico final-calcolítico está representado por un sepulcro megalítico localizado en 1948 por V. Renom cerca de la fuente de Can Llobateres, en Barberà del Vallès. El “dolmen” de Can Llobateres (inexistente en la actualidad), estaba constituido por tres losas verticales que parecían enmarcar dos más, situadas de forma horizontal. Sobre las losas horizontales se localizaron algunos huesos, entre ellos, un cráneo muy dañado. En el mismo lugar fueron recuperados dos vasijas cerámicas que podrían situarse cronológicamente dentro de una fase antigua del neolítico final-calcolítico.
De tiempo más tardío serían unos enterramientos localizados cerca del barranco de Sant Oleguer (Sabadell), tratándose de un conjunto de “sepulturas” excavadas en las terrazas superiores del mismo torrente, aquí aparecieron abundantes restos humanos, vasijas de estilo campaniforme y restos de atuendo personal.

Sobre el año 1000 a.C. en Barberà se instalaron (como previamente habían hecho otros grupos de pobladores) los Celtas en las inmediaciones de can Llobateres, aquí formaron un pequeño grupo de cabañas de las cuales se han encontrado restos de urnas funerárias, jarras cerámica, flechas, hachas de bronce y tinas para guardar granos y semillas.

Los siguientes en asentarse en la zona del serrat de Can Llobateres fueron los íberos. En esta zona se encontraron en el año 1949 por los hermanos Boix: sepulturas, cerámica, ruinas ibéricas y hornos de barro y de piedra. Aunque prospecciones efectuadas un año antes en la zona de la Font (de can Llobateres) aportaron diversos vasos de origen íbero.

Con la invasión romana en la península, a finales del siglo II a. C. hicieron su aparición en tierras de Barberà, al igual que en los casos anteriores, se encontraron restos de cerámica de su paso por la población en la zona de can Llobateres y también en la zona de Can Gili Nou o en Can Tintorer en forma de restos de tégula romana y de cerámica. Si bien los hallazgos romanos son escasos, se supone que en la zona de Can Tintorer (que estaba junto a la iglesia de La Románica) había un poblado romano. No obstante  si está  certificado que estos hicieron uso de los antiguos caminos ibéricos, como el que llevaba a Arraona, a Égara (vía Trajana, que iba por Can Santfeliu), el que llevaba de Castellar a Montcada (por la sierra del castell) o la vía Aurelia (o Ápia).

Con la llegada del cristianismo en el margen derecho del Ripoll (a 145 m sobre este) se erige la actual Iglesia de Santa María datada oficialmente a finales del s. XI o inicios del XII. De esta se estima que fue construida sobre los restos de una capilla o centro de culto anterior de época romana, la cual fue destruida con la invasión musulmana (en torno al año 717) y reconstruyéndose sobre el año 801 (año de la reconquista cristiana).

El aprovechamiento del agua del río Ripoll nos remonta a la Edad Media, cuando desde el siglo X constan los primeros testimonios de huertas y molinos cercanos. En el margen izquierdo se sabe por documentos que en el año 988 funcionaba un molino, sumándose uno segundo sobre el año 1000, siendo conocidos como los del Canyet (Canyadell), siendo en la actualidad el Molí d’en Santo y el Molí d’en Dou.

En el siglo XVI existen dos molinos más: El Molí d’en Gall (anteriormente d’En Torres) situado en el margen derecho y el d’en Planes, en el margen izquierdo. Llegado el año 1755 se conoce el Molí Vermell (anteriormente d’Albareda).

Se sabe que en estos molinos se hacía papel de estraza, estraceta, papel de escribir corriente y de estampa, papel de barba y filigrana.

Por su concentración industrial, a mediados del siglo XIX fue considerado como el tercer río catalán con mas relevancia, tras el Llobregat (Barcelona) y el Ter (Girona). Estimando su función respecto a su amplitud y caudal fluvial se le consideraba como el río más trabajador de Catalunya

Hasta el año 1950 en Barberà aún existían cinco molinos de cartón en el margen del río.

 

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