La viña en Barberà.

La viña y Can Planas (al fondo)

Aunque en la actualidad Barberà es una población claramente industrial un siglo atrás la vid se extendía ampliamente por sus tierras así como por toda la comarca.

La presencia de la viña en el Vallès se remonta muchos siglos atrás. Al ser un cultivo poco exigente en humedad, se adaptaba bien a los secos suelos del área mediterránea ocupando los terrenos demasiado áridos, escalonados o empinados para el cultivo de cereales (producto básico del momento).
Quedan vestigios arqueológicos de la presencia del producto de viña vallesana -durante la antigüedad romana- mediante ánforas procedentes del Vallés descubiertas en Roma, acreditando que en este período el vino vallesano ya circulaba por el Mediterráneo. Los restos arqueológicos han podido identificar centros productores de ánforas en el Vallès que se podrían remontar a la primera mitad del siglo I a. C.

En época medieval la viña era el segundo cultivo después de los cereales y se extendía por toda la comarca. Muchas rentas que abonaban los agricultores se realizaban mediante el vino como pago, como las que cobraba el monasterio de Sant Cugat.
A finales del siglo XVII la viña inició una expansión importante por el litoral y prelitoral catalán impulsado por el dinamismo comercial: en esta época Catalunya empezaba a abrirse al comercio atlántico con la exportación de aguardientes hacia los puertos del norte de Europa, de donde se importaban cantidades considerables de tejidos y de pesca salada.

El aguardiente, producto derivado de la vid y con más valor económico que el vino, resultó una buena contrapartida a estas importaciones y a comienzos del siglo XVIII Catalunya ya se había convertido en una de las principales áreas productoras de destilación con su punto de mira en los mercados norteeuropeos. Esta expansión comercial continuó con la exportación de vinos a América, que iría alcanzando una importancia creciente en la segunda mitad del siglo. Mediante estos contratos y contactos comerciales el valor del vino aumentó y por consiguiente se amplió la extensión de viñedo, en perjuicio de la tala de bosques y disminuyendo en algunos lugares el cultivo del cereal.

 

Durante la primera mitad del siglo XIX la extensión de la viña continuó propagándose, aún teniendo una leve caída de los precios del sector vitícola la gran expansión del cultivo de la vid llegó durante la segunda mitad del siglo XIX, bajo el estímulo de una larga etapa de precios en aumento conocida como: “la edad de oro de la vinicultura catalana“, el cultivo de la vid creció extraordinariamente y el paisaje agrario sufrió un enorme cambio. La plaga de la filoxera en Francia destruyó progresivamente la viña del país vecino, siendo este el máximo productor mundial de vino, constituyéndose una oportunidad de oro para las exportaciones de nuestra comarca así como del resto..
Aprovechando esta situación y estimulada por los precios cada vez más en alza, la vid fue ampliando su extensión hasta alcanzar su máximo histórico.

Barberà en esa época llegó a tener entre el 50 o 60% de la superficie de cultivo dedicado a la viña, en sus tierras más llanas y con fácil acceso al agua del río Ripoll.

El final de la vid.

No se dispone de indicadores concluyentes del impacto de la filoxera de Francia sobre las viñas Vallesanas (aunque todo apunte en esa línea) pero se estima que debido a la última fase de expansión de este tipo de cultivo, no pudieron hacer frente o tuvieron una capacidad de respuesta limitada.

Así dejan constancia varias notas de algunos agricultores como esta de Francesc Gorina (vecino de Matadepera) en 1880:

“Al motiu de haber anat al vi tan cart no ha sigut per manca de collita, que la collita a sigut bona. A dependit de la melura o filuxera de France que ha invalit molta vinya, y las comicions francesa san agabellat al vi a cualsevol preu” (Comasòlives, 2003: 432-433),

“El motivo de haber estado al vino tan caro no ha sido por falta de cosecha, que la cosecha a sido buena. A dependido de la melura o filuxera de France que ha enfermado muchas cepas, y las comisiones francesas  han acaparado el vino a cualquier precio”

La viña y La Románica (al fondo)

La viña y La Románica (al fondo)

Sea como fuere, la llegada de la filoxera a mediados de la década de los ochenta del siglo XIX al Vallès Occidental significó el fin de un ciclo iniciado cien años antes. En 1892 el geólogo Domènec Palet i Barba (originario de Terrassa) escribía:

“Desgraciadamente este rico venero de riqueza está pronto a desaparecer; sus antes hermosos viñedos están amenazados de muerte; es más, están pereciendo. La terrible filoxera ha invadido hace tiempo esta región; los focos son ya innumerables; principalmente en la parte media y baja, donde son ya pocas las viñas que no hayan sufrido los primeros ataques”

En Barberà quedaron viñas durante varias décadas mas, las cuales, con el paso del tiempo y la incipiente industrialización acabaron por desaparecer.

Según datos del Sindicat Agrícola de Pagesos de 1938,  163 socios elaboraban vino, 110 con Cellers (bodegas) propias y 53 por medio del Celler  Cooperatiu del Sindicat. Barberà disponía en aquel entonces de 304 hectáreas  de viña con una producción de 331.760 litros.

Fuentes:
La vinya al Vallès: una perspectiva històrica. Jordi Planas i Maresma, Alló que la vinya s’endugué…… Pere Roca Fabregat, Varios.

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